
“Durante una gran crisis como un apagón eléctrico nacional, es prácticamente imposible para una institución combatir en tiempo real la desinformación y los bulos que inundan las redes sociales”. Esta es la principal conclusión expuesta por Teresa Amor, jefa de Comunicación Ejecutiva y Liderazgo Público de Redeia, durante su ponencia “Los bulos sobre energía y cómo desmontarlos desde un gabinete de prensa”. La experta, que participó en el curso Comunicar la Transición Energética: Cómo hacer frente a la desinformación y los bulos, dirigido por ella misma, utilizó la crisis del gran apagón como caso de estudio, y describió la batalla comunicativa como “un combate asimétrico donde la velocidad de la mentira siempre supera a la de la verdad verificada”.
El “galope de Gish”: una metralleta de falacias
Teresa Amor relató la enorme presión que sufrió su equipo durante las primeras 24 horas del apagón, pasando de una veintena de menciones diarias en redes sociales a más de 150.000. Describió la situación como un “galope de Gish” o una “metralleta de falacias”: “el tiempo que dedicábamos a desmentir una, ya teníamos 1.000 más que desmentir. Era imposible hacerles frente”.
La principal dificultad, explicó la también periodista, es que su equipo estaba obligado a “transmitir información con certeza, sin poder aventurar una hipótesis”, mientras otros actores lanzaban acusaciones sin pruebas, como “que la culpa era de las renovables”. Esta asimetría, concluyó, hace que la lucha en tiempo real sea una batalla perdida. “La mala noticia es que los bulos no se pueden combatir. No se combate en condición de igualdad, porque tú tienes dimensionado un equipo para el día a día, y el día que te viene el tsunami eres incapaz de gestionar”.
La anatomía del bulo: del miedo al relato arquetípico
Según Amor, los bulos sobre energía triunfan porque explotan dos elementos muy humanos: el miedo y la necesidad de relatos sencillos. “El miedo es una emoción muy humana que nos salva de muchas cosas”, afirmó, y en momentos de crisis, “la demanda de información se dispara”. Ese vacío, que la ciencia no puede llenar al instante porque “necesita tiempo”, es ocupado por los bulos, en opinión de la experta.
Estos bulos, además, suelen encajar en “relatos arquetípicos que nuestra mente procesa con facilidad, como el mito de Frankenstein aplicado a un supuesto experimento gubernamental. La realidad científica es enormemente compleja. Y los relatos arquetípicos son simplificadores, nos dan tranquilidad en la incertidumbre con la que lidiamos tan mal”, explicó.
¿A quién beneficia? Los “retardistas” y la estrategia a largo plazo
Amor identificó a los actores que se benefician de esta desinformación como los “retardistas”: aquellos que “pretenden retrasar la incorporación de estas tecnologías -las renovables- porque consideran que pueden perder en el cambio”. Para identificar los intereses detrás de un bulo, Amor propuso hacerse siempre la misma pregunta: “Cui prodest? (¿A quién beneficia todo esto?)”.
Frente a la imposibilidad de combatir los bulos en tiempo real, la estrategia se debe centrar en la pedagogía a largo plazo y la transparencia. Como prueba de su compromiso, la periodista destacó que, “de las 67 empresas a las que se les pidieron datos para la investigación del apagón, solo una consintió en que sus datos fueran desanonimizados, y esa empresa fue Red Eléctrica”, finalizó.