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Oleksandra Matviichuk: “Tenemos que hacer que el precio de la guerra para Putin sea más alto que el precio de la paz”

30 JUN 2026 - 16:19 CET

La activista ucraniana y Premio Nobel de la Paz en 2022, Oleksandra Matviichuk, ha mantenido un encuentro con los medios de comunicación antes de impartir la conferencia inaugural de la trigésimo noveva edición de los Cursos de Verano Complutense, en el que ha agradecido el apoyo y la solidaridad de España con Ucrania tras la invasion de Rusia y ha manifestado su pesimismo sobre la negociación de paz que inició el presidente norteamericano Donald Trump. Pese a la situación actual que vive su país, la abogada de derechos humanos sostiene que mira hacia adelante con cierto optimismo, porque está convencida de que “el futuro no solo es incierto, sino que tampoco está escrito de antemano”.

P: ¿Cuál es su opinión sobre que los Estados gasten más en armamento que en investigación para prevenir enfermedades o pandemias?

No sé cómo llamarán los historiadores del futuro a este período histórico. Nos ha tocado vivir en una época muy turbulenta, en la que el orden mundial basado en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional se ha desmoronado. Este sistema se creó tras la Segunda Guerra Mundial para prevenir guerras y violencia masiva, pero ahora solo estamos estancados, reproduciendo movimientos brutales. Este sistema no puede proteger a las personas frente al autoritarismo y las guerras. La guerra de Rusia contra Ucrania es un gran ejemplo, porque con esta guerra Putin intenta convencer al mundo entero de que un país con un fuerte potencial militar y armas nucleares puede hacer lo que quiera. Puede invadir otro país, matar a su gente, erosionar su identidad, robar a sus niños, ocupar sus territorios y trasladarlos por la fuerza a Rusia.

P: ¿Cree que lo que ocurre en Palestina es algún tipo de genocidio? ¿Cuál es su opinión sobre el conflicto palestino-israelí?

Es un gran ejemplo de una situación en la que, durante décadas, los políticos no resuelven el problema, tentados por la idea de que el problema desaparecerá. Pero la verdad es que el problema no desaparece: simplemente se vuelve más difícil y más grave. Y ahora tenemos una guerra horrible en Gaza. Quiero expresar mi sincera solidaridad con las personas afectadas por esta guerra terrible. Y lo que sé, como abogada de derechos humanos, es que cuando luchas por la justicia tienes que luchar por la justicia a nivel global, porque vivimos en un mundo muy interconectado, y la expansión de la libertad hace que nuestro mundo sea más seguro.

P: ¿Cómo valora la posición del Gobierno español respecto a Ucrania y, en general, la de los líderes europeos?

Quiero aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincero agradecimiento al pueblo de España por su solidaridad y su apoyo al pueblo de Ucrania. En este momento dramático es muy importante saber que no estás solo cuando luchas contra un poder enemigo tan enorme; importa desde un punto de vista humano, y estoy muy agradecida. En general, esperamos pasos más decididos, no solo del liderazgo español, sino del liderazgo europeo de otros países, porque no luchamos solo por nosotros. Putin inició esta guerra a gran escala no porque quiera ocupar una parte más del territorio ucraniano, sino porque quiere destruir todo el país y seguir avanzando. Ve a Ucrania como un puente hacia Europa; su lógica es histórica. La gente de otros países europeos está a salvo solo porque los ucranianos siguen resistiendo y no dejan avanzar al ejército ruso. Creo que es un privilegio poder ayudar.

P: ¿Cuál cree que será la posible salida o el final de la guerra de Ucrania con Rusia?

No espero demasiado de la negociación de paz que inició el presidente Donald Trump. Creo que el objetivo de esta negociación está mal planteado, porque el presidente Trump solo quiere cerrar un acuerdo. Permítanme recordar que en 2014, cuando Rusia ocupó Crimea y parte de las regiones orientales, Ucrania no tenía ninguna posibilidad de recuperar sus territorios, y firmamos dos acuerdos de paz — y Rusia violó ambos. La cuestión no es cómo firmar un tercer acuerdo de paz que Rusia violará mañana. La cuestión es cómo alcanzar una paz sostenible en una situación en la que a Putin no le importa el coste humano de esta guerra, ni el precio que pagan los suyos. Solo quiere restaurar por la fuerza el Imperio ruso. Y la única respuesta no es un botón mágico, sino un conjunto de acciones decididas. Tenemos que hacer que el precio de la guerra para Putin sea más alto que el precio de la paz. Ante todo, tenemos que romper la capacidad de la economía rusa para sostener esta guerra sangrienta, porque mientras el Kremlin pueda pagar a los soldados rusos, estos estarán dispuestos a ir a la guerra. Rusia aparenta ser grande, pero Rusia es muy pobre. Esa gente vive en una pobreza increíble; cuando se alistan en el ejército ruso, empiezan a recibir un dinero con el que ni siquiera podían soñar en sus regiones reprimidas y deprimidas.

P: ¿Cree que la ayuda que España presta a Ucrania puede peligrar por el momento político turbulento del país y un posible cambio de gobierno tras unas elecciones?

No estoy muy familiarizada con la política interna de España. Soy de Ucrania y solo tengo un conocimiento general de la situación política del país. Pero lo que sé con seguridad es que los políticos en España no se pueden permitir el lujo de olvidar lo que ocurre en Ucrania. Porque, una vez más, el apoyo que hemos recibido de España y de la Unión Europea no es caridad: es una inversión en la seguridad colectiva europea. Entiendo que resulta difícil para quienes heredaron su seguridad de sus abuelos — personas que nunca han tenido que luchar por la libertad o la seguridad, porque fueron sus abuelos quienes lucharon. Pero créanme, la democracia, los derechos humanos, la seguridad y la libertad son muy frágiles. No se conquistan de una vez y para siempre. Tomamos nuestra propia decisión cada día.

P: Hablando de seguridad colectiva, ¿estaría a favor de la creación de un ejército europeo, una defensa común o un gasto común en defensa?

El sistema internacional de paz y seguridad se ha desmoronado. Nunca volveremos al statu quo: el cambio es la nueva norma. Y la seguridad de los ciudadanos europeos ya no depende de la ONU, sino de si cuentan o no con suficientes ciudadanos dispuestos a defender su país si ocurre algo. No es una pregunta fácil. Ni siquiera se trata del potencial militar, sino del espíritu. En 2022 —no nombraré el país por razones éticas— consulté una encuesta social de un país europeo bastante poderoso. Ese país ofrecía una buena calidad de vida a sus ciudadanos y, sin embargo, uno de cada cuatro hombres afirmaba que huiría si el país fuera atacado. Y me sorprendió, siendo ucraniana, porque en Ucrania soñamos con vivir como ese país. Seguimos trabajando duro para llevar a cabo reformas democráticas y hacer que nuestro país funcione. Esas personas, que viven en países que les ofrecen una buena calidad de vida, no están dispuestas a defender esa forma de vida. Eso me llevó a pensar que tal vez quienes heredaron su libertad, su seguridad y su democracia de sus abuelos no comprenden su valor. Empiezan a ver su país como un menú de servicios. Para los ucranianos, nuestro país no es un menú de servicios.

P: En alguna entrevista ha dicho que se considera optimista. Después de cinco años desde la invasión, ¿sigue siéndolo? Y, si es así, ¿de dónde saca la fuerza?

Llevo 20 años trabajando en el campo de los derechos humanos, así que esa es la mejor prueba de que soy optimista por naturaleza, porque hago trabajo de derechos humanos no en Suiza, sino en Ucrania. En nuestro país solo tuvimos la oportunidad de recuperar nuestra independencia hace tres décadas, tras el colapso de la Unión Soviética. Y después de eso vivimos bajo un régimen autoritario. Solo hace 12 años, tras la Revolución de la Dignidad, tuvimos la oportunidad de construir instituciones democráticas sólidas. Y cuando logramos esa oportunidad, Rusia invadió para detenernos en ese camino. Así que ahora estamos en una guerra a gran escala, intentando hacer dos cosas en paralelo: defender nuestro país, nuestra libertad y nuestra elección democrática, y al mismo tiempo poner en práctica esa elección democrática mediante reformas. Es difícil, es difícil. Pero lo que me mantiene pensando en el futuro con optimismo es que sé una cosa: el futuro no solo es incierto, sino que tampoco está escrito de antemano. Eso significa que siempre tenemos una oportunidad, y una obligación, una responsabilidad humana, de luchar por la libertad que queremos. Y yo prefiero aprovechar esa oportunidad.

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