Nach Solís advierrte de cómo las series juveniles educan a los menores en el sexo y crean una distorsión de la realidad
14 JUL 2026 - 16:10 CET
Judit Díaz de Losada Ferrer
El guionista Nach Solís analizó en el curso “Adicciones sin sustancia en menores: juego de azar, entornos digitales y papel de la familia y la escuela”, dirigido por los profesores de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, Ubaldo Cuesta Cambra y Guillermo Mejías Mártínez, el impacto que supone para los adolescentes el consumo de series y películas juveniles con alto contenido sexual. Durante su intervención, Solís abordó la representación de la sexualidad en la pantalla como uno de los principales retos a los que se enfrenta la industria audiovisual y las familias, señalando que “La falta de referentes realistas y la distorsión de las relaciones son un problema”. El guionista señaló que, para alcanzar unos hábitos de consumo saludable, se necesita una mirada crítica por parte de los creadores y un mayor acompañamiento de los adultos, ya que “Los adolescentes aspiran a esto e intentan replicar eso que ven en las pantallas”.
Durante su intervención en el curso, patrocinado por la ONCE, Solís comunicó que este desafío se encuentra estrechamente ligado a una industria que tiende a crear unos personajes aspiracionales alejados de la realidad diaria que viven los jóvenes. En lugar de mostrar la vulnerabilidad, o situaciones propias de la adolescencia, las producciones actuales tienden a construir mundos de jóvenes perfectos, con cuerpos normativos e hipersexualizados, donde el estatus y el poder lo dominan todo. "A través del sexo se busca la identidad y el éxito", señaló, subrayando que en la ficción conteporanea se fomenta la idea de que el valor de una persona se mide únicamente por su apariencia y su desempeño sexual. Asimismo, Solís afirmó lo importante que es construir personajes de todo tipo y con variedad física que representen más realidades ya que “Los jóvenes construyen su autoestima a partir de la apariencia”, resumió.
En este contexto, el guionista destacó que los menores no se vuelven "adictos" a estos contenidos por el simple hecho de verlos, pero apuntó que, verlos sin distinguir la parte de ficción, sí actúa como una peligrosa "puerta de entrada" para esos jóvenes que toman estos comportamientos como replicables o normativos. Según Nach Solís, el problema no consiste en la existencia de estas series, sino en el vacío educativo que dejan: “No hay una educación de la sexualidad real, si eso es lo que aprenden de la ficción y de la pornografía, eso es lo que intentarán replicar en sus vidas”.
Para el guionista, uno de los errores más graves que se cometen en estas producciones es la falta de un proceso de aprendizaje, la reparación cuando se producen conductas nocivas o las repercusiones que tiene realizar estas acciones. Solís puso como ejemplo una trama habitual como es el chantaje con imágenes íntimas, y explicó que "se da el chantaje a través de medios sexuales, pero luego no hay una reflexión de: ojo, mira, te has equivocado, no puedes hacer esto, tus actos tienen una repercusión negativa". En su opinión, al evitar las consecuencias reales de la violencia o el acoso, la ficción acaba normalizando estos comportamientos y fomentando dinámicas de control.
En contraposición a esta tendencia, Solís quiso salvar algunas excepciones dentro de la industria, calificando a la conocida producción británica Sex Education como un auténtico oasis creativo. "Es un hito que existe, está muy bien escrita porque realmente habla de las inseguridades, de la diversidad y de lo que verdaderamente les pasa a los adolescentes".
Por último, Nach Solís insistió en que la solución a estas situaciones no pasa por la censura o por impedir que los menores accedan a estos contenidos, ya que es algo que considera "imposible" en la era del smartphone y el algoritmo. En su lugar, reclamó la implicación activa de las familias y educadores para debatir sobre lo que ven. “No tiene ningún sentido prohibir porque lo van a ver igual, lo que tenemos que hacer es hablar con ellos, mantener ese equilibrio y reflexionar juntos sobre los personajes”, dijo.

