Joaquín García Palacios: “La lengua debe responder a los avances del conocimiento”
El filólogo destaca la necesidad de modificar las terminologías científicas para mejorar la precisión y comprensión de los diagnósticos médicos
29 JUN 2026 - 17:55 CET
Lucía Chavida Garrido
Durante su intervención en el curso “Terminologías validadas y en abierto: cómo, por qué y para quién”, dirigido por la científica del CSIC, Elea Giménez Toledo y por las profesoras de la UPM, Elena Montiel Ponsoda y Nava Maroto, el profesor de la Universidad de Salamanca explicó que el debate sobre las palabras que utiliza la ciencia y las disciplinas especializadas no debe centrarse únicamente en qué términos existen, sino también en por qué surgen, para qué sirven y a quién van dirigidos. García Palacios distinguió entre dos conceptos fundamentales: “validar una terminología” y “validar la terminología”.
En este sentido, el filólogo explicó que el “por qué surgen” hace referencia a evaluar un conjunto completo de términos para determinar si cumple unos criterios de calidad, mientras que el segundo implica analizar de manera individual si una denominación concreta es adecuada para su uso en una lengua especializada.
Durante su exposición, García Palacios puso varios ejemplos de problemas terminológicos actuales, especialmente vinculados a ámbitos emergentes como la inteligencia artificial y la medicina, como las distintas traducciones relacionadas con los modelos de lenguaje y otros conceptos procedentes del inglés que generan dudas sobre su adaptación al español. En este contexto, presentó el trabajo desarrollado dentro del proyecto TeresIA, diseñado para analizar y validar nuevos términos que aparecen tras procesos de extracción automática de información lingüística, neologismos y terminologías especializadas, especialmente en ámbitos como el jurídico, médico y científico.
Uno de los ejemplos más relevantes abordados durante la intervención fue el reciente cambio de denominación del síndrome de ovario poliquístico. García explicó que la modificación responde a necesidades científicas y médicas concretas y no a una simple cuestión lingüística: “Había pacientes diagnosticadas que no presentaban quistes, lo que evidenciaba que el nombre podía resultar confuso”, señaló en referencia a la citada afección, y explicando cómo los avances en investigación obligan a actualizar determinados conceptos para mejorar tanto el diagnóstico como la precisión científica.
Para el profesor, la capacidad de una lengua para generar y adaptar nuevas denominaciones constituye una muestra de vitalidad. “La lengua, si está viva, tiene que responder a una necesidad denominativa”, afirmó. Asimismo, defendió que el objetivo no es imponer palabras nuevas ni eliminar otras, sino ofrecer herramientas que permitan mejorar la precisión y devolver a los especialistas una terminología útil, actualizada y adaptada a la evolución del conocimiento.



