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Elvira Navarro reivindica una literatura que cuestione la realidad a través de lo extraño y lo cotidiano

La autora repasa su trayectoria y explica cómo combina realismo, extrañeza y elementos fantásticos para explorar la ciudad, la precariedad y los límites de la percepción humana

8 JUL 2026 - 13:00 CET

Lucía Chavida Garrido

La escritora Elvira Navarro reflexionó en el curso “Escritoras españolas e hispanoamericanas de lo insólito y lo fantástico”, dirigido por Ángeles Encinar, catedrática emérita de Literatura Española y Natalia Álvarez Méndez, profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de León, sobre su trayectoria literaria y su forma de entender la escritura. La autora, una de las voces más destacadas de la literatura española actual, repasó algunos de sus libros, como La ciudad en invierno, La trabajadora, La isla de los conejos y La sangre está cayendo al patio, y explicó cómo su narrativa ha evolucionado desde un realismo inicial hacia una literatura donde aparecen elementos inquietantes y fantasmales. Navarro aseguró que no parte de una “poética particular”, sino que escribe guiada por la intuición, aunque con el paso del tiempo ha podido identificar los impulsos que están detrás de sus libros. “El realismo se quedaba corto para contar lo que yo quería”, afirmó al explicar por qué comenzó a introducir elementos extraños en sus historias.

La escritora explicó en el curso, patrocinado por la Comunidad de Madrid, que este cambio se hizo especialmente visible a partir de La trabajadora, una novela publicada en 2014 que aborda la precariedad laboral, la salud mental y la vida urbana a través de dos mujeres que viven en el barrio madrileño de Carabanchel. Navarro señaló que durante la escritura de esta obra empezó a incorporar pequeñas rupturas de la realidad, como escenas de apariencia fantasmal en las que el lector no sabe si lo que ocurre es real o fruto de la percepción de los personajes. “No sabemos si ese camión realmente existía o es una imagen nacida en la cabeza de la protagonista”, explicó. Para la autora, estos recursos no suponen abandonar el realismo, sino ampliar sus posibilidades: “lo que me permite meter estos elementos es poner en tela de juicio tanto el realismo como la propia percepción de la realidad”.

La ciudad es otro de los grandes motores de su escritura. Navarro explicó que muchos de sus libros nacen de los espacios que observa y de las imágenes que esos lugares despiertan en ella. Madrid aparece como un escenario fundamental, especialmente sus barrios periféricos y las nuevas formas de urbanización que generan aislamiento. “Me gusta mucho escribir sobre espacios porque mi imaginación funciona con determinados lugares que me despiertan cosas”, afirmó. La autora también destacó cómo en sus últimos relatos aparecen viviendas que no llegan a convertirse en hogares, espacios marcados por la precariedad y la dificultad de construir una vida estable. Según Navarro, estos lugares reflejan una sociedad en la que cada vez resulta más complicado acceder a un espacio propio.

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